Saturday, February 26, 2011

De caballos y cangrejos...

Viviendo lejos se da uno cuenta de muchas cosas. No sólo de que no se sabe lo que se tiene hasta que se pierde sino de las particularidades de la cultura en qué crecimos.
Nuestros amigos latinoamericanos nos han preguntado muchas veces a qué se debe la relación lingüística de los colombianos con los animales. El infiel es un perro, el chismoso un sapo, el atento está abeja, el ocupado tiene mucho camello, la fea es un bagre, la esposa una culebra,  las “otras” unas lobas o gatas y el que no entrena para la maratón puede hace el “oso” como mi hermana. Aquí estoy yo también escribiendo de Chema y los cangrejos cuando nadie puede imaginarse a nuestro Papá sin pensar en los caballos.
Don Leo fue el último caballo que montamos juntos antes de que yo me fuera con mi Pecado a vivir lejos.  De sangre Argentina y color chocolate lo vi jugar alrededor de Chema como juega un perro con su amo pidiendo comida. Como su papá Don José Luis Buendía, a quién le decían el Señor de los caballos,  Chema heredó el don de leer el espíritu de esos animales.  No es un aficionado más, un equitador, un importador de caballos. Es un hechicero del que aprendí las cosas más importantes de la vida por andar persiguiéndolo entre cuatro cascos. Me enseñó a montar, se burló de mí, me gritó siempre (y no me importó), me quitó el miedo, me exigió hasta el cansancio, me mostró lo valiente que puede ser un hombre y lo vulnerable.  Me hizo montar uno tras otro, tras otro caballo. Y así con el mismo fervor me he ido yo por la vida ensillando, montando, domando y saltando obstáculos. He quedado por demás igual de “cacheticolorada” y satisfecha con mis decisiones y equivocaciones. Tan felíz como mi Papá y yo quedábamos al ganar una escarapela, o al tomarnos unas cervezas coronas frias, con sal y limón directamente importadas del baúl de nuestro carro.
Chema creció en una casa grande sobre la Avenida Caracas con un patio enorme en donde estaban los caballos. Era el hotel de la familia. Su Papá Don José Luis venía de Campo Alegre, Huila  y con su mamá María Teresa (por quién Mayaté lleva su nombre)  tuvieron a Chema y sus ocho hermanos.  Los tragos y los cigarrillos que jamás se fumó Don José Luis, fueron adjudicados y bien disfrutados por el protagonista de esta historia. No vayan a creer que estoy diciendo que es esa la razón por la cual Chema se ganó sus cangrejos. No. Ni siquiera. Ojalá fuera tan sencillo poderle echarle la culpa a ese par de adicciones.  El cangrejo llegó de lado con hipocresía por la razón que siempre llega. Porque como en todos nuestro cuerpo está predispuesto y por un poco más de esto o menos de aquello que nadie precisa.
Mientras Don José Luis se dedicaba a la sastrería, importando paños ingleses y viajando alrededor del país a visitar a clientes para hacer trajes sobre medidas,  Teresita se dedicaba a la repostería en  la “Panadería y Bizcochería Tropical” (predecesora del actual Barrilito) en la Calle 17 # 52-36. Para ese entonces Chema ya daba muestras de su talento comercial revendiendo los huevos campesinos que  debía llevar a la panadería de su mamá cuando por supuesto, no se le reventaban por el camino. En carro de balines iba también a vender biscochos, pero la posición de conductor, almacenamiento del producto y velocidad del transporte se los dejamos a la imaginación de nuestros lectores.  
La Chistosa se llamaba la yegua que Chema montaba de niño. A caballo se iban para la finca todos los fines de semana con sus padres y hermanos en un viaje de casi dos horas. Pero fue la Ninfa la yegua que le empezó a hacer famoso en materia caballos. Le pertenecía a Don José Luis y nadie, absolutamente nadie tenía permiso de montarla. Era una yegua paso fino briosa que Chema osó robarse un día mientras sus papás estaban en una fiesta.  En complicidad con sus hermanos fue pescado “in fraganti” en la comisión del delito y cuando sabía que lo único que podía ganarse después de semejante atrevimiento era una paliza, su Papá orgulloso lo felicitó y le concedió el privilegio de compartirla.
Años más tarde diría yo en sus treinta Chema, siendo ya el padre de sus hijas, compró con el fruto de su trabajo a Don Chema, su primer caballo de salto.  Desde entonces ha tenido más de veinticinco y y de Argentina ha importado casi trescientos. Son trescientos sus clientes y amigos que le han confiado a sus talentos la consecusión de sus equinos. Yo en Estados Unidos no he podido volver a montar. No sólo porque los recursos económicos nos son suficientes para darnos ese lujo  sino porque acariciar una crin sin ver a través los bigotes de Chema no tiene para mi sentido alguno.
Éramos él y yo. Un padre y su hija del medio, hablando un lenguaje llamado caballo. Mi mamá y mis hermanas todavía no lo entienden…
Quiera Dios que en este mundo etereo donde las ilusiones son bálsamo, que el espiritu de esos animales que montó Chema y que ahora galopan en el cielo, aplasten con sus cascos los cangrejos.

Tuesday, February 22, 2011

Huevo de cangrejo en pelo blanco

En mi condición de de madre soltera (pecado no colabora) microempresaria en destierro es muy difícil escaparse a escribir sobre cangrejos.  Estamos conmovidos por el cariño de quienes nos acompañan en esta historia. Chema luchando con su alacrán azul por dentro cree que es una exageración que no se merece. Pero de eso también se trata este cuento. De recordarle y asegurarnos que el amor y no la vida es lo contrario a la muerte.  
Hace tres días creímos que el cangrejo estaba poniendo huevos. Anidando bajo las canas de Chema y arrugando de la angustia a mi Mamá y Majusé que decidieron no decirme nada. Todo por un necesario corté de pelo necesario que les hizo notar un turupe nuevo en la cabeza delgada de nuestro padre. No sé si agradecérselos con el alma o estallar de furia.  No sé si hubiera podido hacer algo, si sentirme muy querida o muy ignorada. Mi Mamá me contó que el huevo no era del cangrejo cuando ya los Doctores ya habían confirmado el veredicto. Y en cinco minutos que duró la narración de la pesadilla por teléfono yo sentí mis sienes hacerse más blancas y en mi piel cruzarse más de una arruga.
Majusé es nuestro ángel. Una mujer de tres décadas que lleva el nombre del Chema puesto al revés y que por ello no pueden despegarse. Pedida al niño Dios por sus hermanas mayores llegó a nuestra casa en una Navidad cuando yo tenía once años. Mi mejor juguete. Una niña chiquita y hermosa de pelo largo hasta la cintura me dejó peinarla hasta que cumplió quince años. Nos ha dejado quererla, manipularla, mal aconsejarla, mal educarla. Nos ha hecho reír y llorar. Nos ha adorado con locura y ha iluminado nuestra casa con la belleza de su ser por dentro y por fuera. Con ella se despertó mi delirio maternal  que casi no calmo pero ya les contaré luego la historia del príncipe picho con quien me casé primero. Ahora poseo una niña nacida de mi propio vientre. Hija de mi Pecado. Una María como mis hermanas, de pelo largo hasta la cintura que trenzo todas las mañanas después de hundir las narices en su olor y de acariciarme con las puntas la cara. Mi Paz.
Mi hermana menor cortó pelo al cumplir sus treinta años. 
Mi hermana menor cortó su pelo porque el cangrejo se instaló en el cuerpo de nuestro padre.  
Yo no sé.  Qué importa el pelo si es la única parte del cuerpo que perdona los abusos y maltratos.  El mío lleva muchos años en cautiverio bajo el yugo de un caucho. Aquí no está la peluquería de la esquina donde domar estos rizos que me dejo la maternidad cuesta sólo veinte mil barras (diez dólares). En Estados Unidos esos placeres de mantenerse bello a un bajo precio no existen. Mi ser es completamente autosuficiente en materia de cuidado capilar, facial, depilación con y sin cera, manicure y maquillaje. No es que los resultados sean ni medio parecidos pues mi color de pelo mientras escribo es casi igual al de Ariel  la sirenita, pero medianamente efectivos y sin lugar a dudas rápidos: coloración de pelo en diez minutos, esmaltes de secado instantáneo, cera de calentamiento por fricción o en su defecto, máquina de afeitar de filo gastado por donde sea que salga un pelo indeseado.
A mi hermana Mayaté que lleva entrenando para la “Teretón pro-Chema” durante años ( ya les explico de qué se  trata se entrenamiento previo)  le voy a regalar el tris de trenza que me cuelga del lado izquierdo desde que soy madre cuando llegue a la meta de la maratón en octubre.  La trenza “loba” ( así le decimos los colombianos a las cosas de mal gusto) esa que me cuelga y que ella siempre me ha querido cortar se la regalo de trofeo cuando cumplamos nuestro cometido.
Hoy estuve presionando a Mayaté por teléfono a que dejara de ver su telenovela favorita y se levantara a empezar un entrenamiento serio antes de la Maratón. La fascinación de ella por la televisión y la farándula es una cosa indescriptible, pero la capacidad de adaptarse, correr y conseguir lo que se propone es comprobable.  Ha trasteado su casa siete veces,  vivido en cinco países, hablado cuatro idiomas  y coleccionado amigos de mil nacionalidades.  Que si bien su corazón anda un poco agobiado por las demandas del cuarto piso y su reciente cambio de continente,  esa maratón la está esperando. El entrenamiento quizás es lo de menos. Ya ha corrido detrás de Fahy ( su esposo) por medio mundo porque además no es que Fahy avise de los trasteos con demasiado tiempo. Ha corrido destrás de trenes, aviones, telesféricos, subido y bajado escaleras, subido y bajado Monserrate, la torre Eiffel, los Alpes. Paleado nieve para poder abrir la puerta y sacar el carro, paleado hojas secas de invierno, paleado a la EPS para ubicar el Sutent de Papá. Seguramente la maratón es para ella un paseo. Ya lo veremos....

Friday, February 18, 2011

Un cangrejo indeseable

Esta es la historia de una familia esparcida en tres territorios geográficos y hoy unida más que nunca por un cangrejo.

El cangrejo de aquellos nacidos entre el el 22 de Junio al 22 de Julio, el crustáceo más temido por la humanidad, ese que le hace a uno temblar de sólo pronunciar su verdadero nombre. Aquel que no sólo ataca el cuerpo de un hombre sino el alma de familias enteras. Dicen que la palabra viene del griego karkinos, o del latino cancri. Que se aferra a los organos con la misma tenacidad del animal hambriento y que los vasos sanguíneos alrededor del organo afectado alcanzan a parecerce a sus patas y tenazas que no quieren soltar su presa. Dura como el capazón del cangrejo es la erradicación de la enfermedad y por segunda vez se atrevió a instalarse en el cuerpo de mi padre.

Hoy decidí no volver a llamarle por su nombre de pila porque me duele menos decir que Chema tiene un cangrejo. Así como en Harry Potter nadie quiere decir el nombre "de ya saben quién" del puro susto, yo le voy a tratar también como un indeseable. Mary Margaret dice que llevarlo por dentro es como tener estampado en la frente un anuncio luminoso. Que parece que todo el mundo lo supiera y lo viera a uno con ojos distintos, con pesar fastidioso y con curiosidad morbosa. Si tan sólo pudiera yo pedirte al mundo que jamás volvieran a preguntarle a un familiar si el cuerpo de alguién está invadido por el cangrejo. Cómo se les ocurre? Da lo mismo meterle a uno el dedo en el ojo y hasta tal vez sea menos doloroso.

Pocos afortunados entendemos el "poder del ahora" que enlaza nuestras circunstancias magicamente a pesar de los infortunios. Tengo claro que la vida empieza y se va yendo entre suspiros de amor y lágrimas. Yo que hace un año di a luz a un hijo acuario como mi padre lo tengo más claro que nunca. Le vi empezar a caminar en Colombia mientras Chema dejaba de caminar por el peso de su tratamiento y su necesidad de oxigeno. Qué ironía más dulce y conmovedora. Qué afortunada soy de tener a esos dos hombre y a mi Pecado de por medio.

Y de todo sólo me queda este amor inmenso que sé que no morirá nunca. Que ha sobrevidido mis nueve años de destierro, mis silencios, mis dos lenguas. Mis dos maridos, mis dos cuidadanías, mis dos carreras. Me ha premiado con mis dos hijos, mis padres, mis dos hermanas. Con el dos de Febrero del 38 cuando nació el que me dió la vida : José María Buendía Guzmán alias Chema. Nacido en Bogotá, Colombia entre las 8:30 y 10:30 de la noche en la Calle 5 # 6-34 como el quinto hijo se sus padres

Gracias hondas a nuestros primeros cinco patrocinadores de la Maratón de Mayaté. Nos llegan más al alma las palabras que las donaciones que en el fondo es lo que más necesitamos.

Thursday, February 17, 2011

El Cangrejo Alacrán

El alacrán azul de Cuba se pasea por entre sus venas y mi corazón. Caminando tan lento y tan de lado como puede no nos deja saber  si vamos para algún lado. Entre el cuerpo de ese hombre que es mi padre y el sobre el corazón de una mujer su hija, su estancia tiene efectos muy distintos.
El en hombre reconoce el color amarillento de las playa del archipiélago de Guantánamo que le vieron nacer en cautiverio y le recorre amenazante con su veneno buscando enemigos que ojalá identifique pronto. Entra por entre su boca, se deposita bajo la lengua y baja entre ostias, caldos y aromáticas a tratar de acabar con el cangrejo. Cuán irónicas las veces que de esa misma boca las palabras alacrán y cangrejo salen amorosamente a llamar a su descendencia.
Sobre mí  el alacrán se prende al pecho consciente de mi incredulidad y prometer atacar en cualquier momento. Me pesa respirar de la angustia. Le temo tanto que no puedo más que vivir mis días con amor y sin reclamos para que no se despierte a picarme si acaso desafío las leyes de Dios o de los hombres.  Yo escogí este mar que nos separa y entre las lágrimas que nos hace llorar la distancia el alacrán azul puede ahogarse y morir. El cansancio de mi destierro, la maternidad y el poco sueño no me deja saber donde depositar mí fe más que en el amor a ese hombre donde el crustáceo vive con otras intenciones.
Me pregunto mil veces qué más puedo yo hacer en esta batalla. Una pelea entre un alacrán que no es azul y un cangrejo metafórico?
Les puedo decir claramente sin mi prosa rebuscada que Chema se está tomando un veneno de cangrejo azul de Cuba para acabar con su mugre cáncer de riñón. Entre otras cosas por supuesto, pues hecho se está tomando todo le que le dan sin que le sepa a nada porque como bien decimos, de peores circunstancias hemos salido. Pero yo su hija del medio de lo "inteligentica"que me creo ya me estoy es confundiendo - y por falta de sueño casi bruta- no sé que pensar del veneno cubano que se inventó un sobrinito de Raul y Fidel en un lugar del mundo donde las medicinas son producto de exportación masiva. El veneno no es de cangrejo sino de alacrán, el alacrán no es azul sino rojo, puede que no sirva para nada pero con la comida orgánica, las ostias, los rezos, la quimioterapia oral ( muy importante) y el amor no creo que nos esté faltando nada por hacer.
Pero yo me siento inútil. Me siento lejos y le extraño a él y a todos demasiado. No es porque esté criando dos hijos sola en "gringolandia" y no me quede tiempo ni de lavarme los dientes. Es que ese hombre es una fantasía y de su mujer y sus tres hijas se merece cualquier esfuerzo.
Así es que voy a ayudarle a mi hermana mayor "Mayaté" a levantarse mil quinientos dólares para que puedar participar en la maraton y en el simposio de la Asociación de Cáncer de Riñón en los Estado Unidos. Ella que es capaz de mover todos los contactos de su vida presente y pasada para ayudar a cuaquiera, quiere y necesita correrse una maratón ( va estar de alquilar balcón les aseguro) y sentarse a recibir información en ese simposio que nos ayude a ayudar a nuestro Papá a erradicar su cáncer.
Bienvenidos sean todos los que nos quieran acompañar en esta aventura. Con sus comentarios, sus consejos, sus historias, sus donaciones. En español, inglés, francés y alemán, con una palabra o una disertación entera, con un aporte para recaudar los mil quinientos de Mayaté. A mi no me da pena pedir plata ( dinero). Por mi Papá mucho menos. Los que nos conocen a los Buendía Schlenker sabrán a que me refiero...
Ese Chema se lo merece todo!