Hoy concluí que la humanidad es antipática por naturaleza. Está en nuestra condición ser adictos a la novedad y el placer de sus efectos secundarios en busca de un chorrito de adrenalina en el sistema que nos recuerde de forma temporal que estamos vivos. No es más que eso. Una sensación de placer que el gremio médico idéntica como una “traba natural” y cuya producción hoy día se puede estimular de forma natural haciendo ejercicio o pegándose un buen susto, legal con cafeína y otras bebidas energéticas o ilegal con sustancias psicoactivas que no menciono porque me producen rechazo profundo.
El chisme es invención mía pero tiene fundamento científico. Tal como los débiles caen en adicciones dañinas igual el resto del mundo no se resiste a ser seducido por el dulce sabor del chisme. Para la muestra un botón: Facebook! Existen en mi opinión tres tipos de personas en Facebook; las que se esconden porque algo esconden de su vida pasada o presente que pone en peligro su futuro personal o profesional. Las que lo usamos con ligereza como yo para saber y ver a un selecto grupo de amigos y conocidos que en realidad nos interesan. Las que lo usan demasiado porque no tienen mucho que hacer confundidos en la soledad de su propia existencia y que sin darse cuenta son tan adictas a la novedad de un nuevo dato social como lo es quien consume drogas. Estoy hablando por supuesto de extremos. En realidad todos estamos confundiendo comunicación personal con información social. Lo cierto es que los correos electrónicos se olvidan en minutos mientras el calor de los abrazos dura toda la vida.
Pero así como hay chismes buenos es deber reconocer que los chismes malos tienen efectos más placenteros y duraderos. Por eso en las noticias y los periódicos los titulares son calamidades y no festejos, matrimonios, nacimientos o descubrimientos. No sólo resulta más interesante para la humanidad entera sino que es un negocio impresionante. Esa sensación de corazón arrugado viene con una inmediata descarga de adrenalina que nos obliga a dispersar el chisme. A pesar de nuestra educación y condición social nuestro software corporal disfruta hablar del prójimo. Es una necesidad tan natural como saciar la sed y alimentarse. La verdadera esencia de nuestro espíritu se revela en nuestra actitud respecto a las desgracias de los demás. En el respeto con que se comparte el dolor ajeno, con el que se silencia un rumor para proteger la reputación de otro o con el valor con que se enfrenta una mentira o la tergiversación de la verdad de boca de un adicto al chisme.
Nuestra familia atraviesa por momentos difíciles. Fuimos el chisme del fin de año pasado cuando la novedad era un cangrejo posesionándose del cuerpo de mi Papá. Nosotros mismos nos envolvimos en esa red del “corre,ve y dile” que nos hizo sentir tan acompañados. Mientras la noticia se dispersaba nos contactaban de todas partes del mundo succionando información que por repetición se volvió para nosotros una prosa aprendida. Pero los efectos placenteros del chisme, como los de un buen regalo de parte del marido, duran en promedio dos semanas. Ya han pasado casi cinco meses y nuestro Chema sigue en la lucha. Aunque ya no somos la novedad para nuestro círculo social él es para nosotros el sol de cada día. Las visitas y las llamadas son cada día menos, la soledad y el dolor de estar lejos para nosotras sus hijas mayores cada día más grande.
Pero aquí estamos dos mujeres insistiendo en escribir, en vestir de naranja los viernes, en correr una maratón para recaudar fondos en la lucha contra el cáncer. Quizás para que no nos olviden, para que nos ayuden con su propia experiencia, para que compartiendo la nuestra se preparen por si algo similar les pasara. Para que nuestro Papá no se sienta tan sólo y aburrido.
Mi vida en Estados Unidos no es fácil pues demanda un esfuerzo físico de mi parte mil veces superior a mi delgado cuerpo. Pero es la vida mía que he querido y construido con tanto esmero. Gracias mi Papá y a mi Mamá que nos cuidaron como si fuéramos de pastillaje - hechas a mano con polvo de azúcar y un amor desmesurado - promover la felicidad y bienestar de mi hijos es ahora mi mejor proyecto. Las dosis de adrenalina para mí están agotadas. Que salga el sol y despertemos todos bajo el mismo cielo es más que suficiente. Que respiremos el mismo aire que respira nuestro Papá aunque a kilómetros de distancia me basta. Que la culpa no me mate en esto de sentir que he abandonado un pedazo de mi familia por inventarme la mia propia....