Tuesday, February 22, 2011

Huevo de cangrejo en pelo blanco

En mi condición de de madre soltera (pecado no colabora) microempresaria en destierro es muy difícil escaparse a escribir sobre cangrejos.  Estamos conmovidos por el cariño de quienes nos acompañan en esta historia. Chema luchando con su alacrán azul por dentro cree que es una exageración que no se merece. Pero de eso también se trata este cuento. De recordarle y asegurarnos que el amor y no la vida es lo contrario a la muerte.  
Hace tres días creímos que el cangrejo estaba poniendo huevos. Anidando bajo las canas de Chema y arrugando de la angustia a mi Mamá y Majusé que decidieron no decirme nada. Todo por un necesario corté de pelo necesario que les hizo notar un turupe nuevo en la cabeza delgada de nuestro padre. No sé si agradecérselos con el alma o estallar de furia.  No sé si hubiera podido hacer algo, si sentirme muy querida o muy ignorada. Mi Mamá me contó que el huevo no era del cangrejo cuando ya los Doctores ya habían confirmado el veredicto. Y en cinco minutos que duró la narración de la pesadilla por teléfono yo sentí mis sienes hacerse más blancas y en mi piel cruzarse más de una arruga.
Majusé es nuestro ángel. Una mujer de tres décadas que lleva el nombre del Chema puesto al revés y que por ello no pueden despegarse. Pedida al niño Dios por sus hermanas mayores llegó a nuestra casa en una Navidad cuando yo tenía once años. Mi mejor juguete. Una niña chiquita y hermosa de pelo largo hasta la cintura me dejó peinarla hasta que cumplió quince años. Nos ha dejado quererla, manipularla, mal aconsejarla, mal educarla. Nos ha hecho reír y llorar. Nos ha adorado con locura y ha iluminado nuestra casa con la belleza de su ser por dentro y por fuera. Con ella se despertó mi delirio maternal  que casi no calmo pero ya les contaré luego la historia del príncipe picho con quien me casé primero. Ahora poseo una niña nacida de mi propio vientre. Hija de mi Pecado. Una María como mis hermanas, de pelo largo hasta la cintura que trenzo todas las mañanas después de hundir las narices en su olor y de acariciarme con las puntas la cara. Mi Paz.
Mi hermana menor cortó pelo al cumplir sus treinta años. 
Mi hermana menor cortó su pelo porque el cangrejo se instaló en el cuerpo de nuestro padre.  
Yo no sé.  Qué importa el pelo si es la única parte del cuerpo que perdona los abusos y maltratos.  El mío lleva muchos años en cautiverio bajo el yugo de un caucho. Aquí no está la peluquería de la esquina donde domar estos rizos que me dejo la maternidad cuesta sólo veinte mil barras (diez dólares). En Estados Unidos esos placeres de mantenerse bello a un bajo precio no existen. Mi ser es completamente autosuficiente en materia de cuidado capilar, facial, depilación con y sin cera, manicure y maquillaje. No es que los resultados sean ni medio parecidos pues mi color de pelo mientras escribo es casi igual al de Ariel  la sirenita, pero medianamente efectivos y sin lugar a dudas rápidos: coloración de pelo en diez minutos, esmaltes de secado instantáneo, cera de calentamiento por fricción o en su defecto, máquina de afeitar de filo gastado por donde sea que salga un pelo indeseado.
A mi hermana Mayaté que lleva entrenando para la “Teretón pro-Chema” durante años ( ya les explico de qué se  trata se entrenamiento previo)  le voy a regalar el tris de trenza que me cuelga del lado izquierdo desde que soy madre cuando llegue a la meta de la maratón en octubre.  La trenza “loba” ( así le decimos los colombianos a las cosas de mal gusto) esa que me cuelga y que ella siempre me ha querido cortar se la regalo de trofeo cuando cumplamos nuestro cometido.
Hoy estuve presionando a Mayaté por teléfono a que dejara de ver su telenovela favorita y se levantara a empezar un entrenamiento serio antes de la Maratón. La fascinación de ella por la televisión y la farándula es una cosa indescriptible, pero la capacidad de adaptarse, correr y conseguir lo que se propone es comprobable.  Ha trasteado su casa siete veces,  vivido en cinco países, hablado cuatro idiomas  y coleccionado amigos de mil nacionalidades.  Que si bien su corazón anda un poco agobiado por las demandas del cuarto piso y su reciente cambio de continente,  esa maratón la está esperando. El entrenamiento quizás es lo de menos. Ya ha corrido detrás de Fahy ( su esposo) por medio mundo porque además no es que Fahy avise de los trasteos con demasiado tiempo. Ha corrido destrás de trenes, aviones, telesféricos, subido y bajado escaleras, subido y bajado Monserrate, la torre Eiffel, los Alpes. Paleado nieve para poder abrir la puerta y sacar el carro, paleado hojas secas de invierno, paleado a la EPS para ubicar el Sutent de Papá. Seguramente la maratón es para ella un paseo. Ya lo veremos....

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