Muchos días sin escribir. Por problemas de conexión a la red que nunca faltan ni en los países más civilizados y por una leve angustia que me tenía trabadas las palabras. En Colombia se conoce como silencio administrativo, ese que poco tiene que ver con lo que expresamente contempla la ley, pero que usamos tan a menudo para excusar diplomáticamente la espera por una sentencia o una retaliación de tipo sentimental. Así somos los colombianos. Haciendo malabares con las palabras para hacer de la vida diaria una fiesta.
Mi silencio administrativo sin duda tuvo que ver con el internet, pero más con no saber que decir esperando saber sobre los progresos en la erradicación del cangrejo del nuestro Papá. En estas cuatro décadas de existencia que ya tengo es un hecho que me trabo, me aíslo, me silencio y descargo mis energías en las exigencias de la vida diaria y el trabajo para acabar con las horas de espera más rápidamente. Hoy sabemos que después de la última sesión fotográfica del cangrejo, el animal se está muriendo de hambre y no se ha reproducido. El alacrán azul de Cuba lo tiene encapsulado. El hechizo del “sutinib malate” (1) y la oración familiar de las seis y treinta de la tarde están funcionando.
El pasado domingo en mi casa los relojes se adelantaron una hora como siempre al llegar la primavera. Nos cuesta un par de días acostumbrarnos a levantarnos sin la luz del sol y verla irse tarde por la noche. Los árboles florecidos nos tienen los ojos irritados, las vías respiratorias inflamadas y el cerebro congestionado. Aunque sucede cada año es un placer ver salir los distintos tipos de flores en el mismo orden cada vez como obedeciendo una apretada agenda celestial que dicta que se hace cada semana en la primavera. La temperatura ya nos hizo guardar los gorros, guantes, medias de lana y abrigos pesados. Los parques ya están llenos de niños y los caminos peatonales con gente en bicicleta, caminando, trotando. Como bien se dice nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde y en esto de disfrutar moderadamente el cambio de estaciones en Georgia es un goce extrañar el sol mientras se aleja en el invierno. Una estación se pierde cada cuatro meses pero con la garantía de que vuelve justo cuando más la estamos extrañando. Ojalá así fuera todo en la vida.
Mayaté en su nuevo hogar todavía recibe copos de nieve. Los vientos de Chicago prometen recordarles durante todo el año que su familia está más cerca al polo, a los lagos del norte y que eso tiene sus consecuencias. Pero entre viento y nieve ella ya está entrenando para su “Teretón pro- Chema”. Viste de naranja todos los viernes para crear conciencia sobre la existencia del cangrejo renal que atacó a mi Papá y ayuda a otras víctimas alrededor del mundo a erradicar el animal. Tiene ya una amiga en Inglaterra luchando contra el mismo cangrejo que se toma sus pastillas como Papá a las seis y treinta de la tarde con la esperanza de que nuestra fe la cobije y se mejore. Quiera Dios que así sea.
El pasado sábado Mayaté corrió con su niña la primera maratón de entrenamiento. Orgullosos estamos todos nosotros de semejante progreso. No sólo llegó veinte minutos tarde a la salida (que según ella cual partidor de caballos en hipódromo) sino que fue tal la furia que corrió como una gacela y llegó a la meta en una posición bastante decente. Tienen ustedes que imaginarse por favor a nuestra Mayaté diciendo repetidamente su grosería favorita mientras corría, a nuestra Rebe persiguiéndola con el cachete incendiado de calor rogándole que fuera más despacio y la sorpresa de ella misma de verse llegar a la meta sin desmayos y dichosa. El que diga que un espíritu convencido no lo puede todo es un mentiroso.
A través de la Asociación del Cáncer de riñón ya tenemos implementada una página para recolectar oficialmente los fondos que todos ustedes nos han ofrecido. Se me hincha este corazón de recordarlo y me faltan como siempre suficientes palabras de agradecimiento.
Nuestro Chema está mejor.
Qué felicidad poder decirlo.
Ese cangrejo que osó instalarse en su riñón es considerado el más hipócrita de todos. Se queda completamente callado hasta que envía a sus hijitos a estudiar al exterior y pedir residencia en otros órganos. Pero a diferencia de otros y para perdonar su timidez maldita, es el único cangrejo que al sentirse atacado da la orden mágicamente a su descendencia desterrada de retirarse y desaparecer. Ese es hoy nuestro caso.
Un milagro sin precedentes con tan sólo dos meses de haberse iniciado el tratamiento.
No sabes cómo me alegran al buenas noticias. Además...escribes delicioso. Un abrazote y estamos acompañandolos a cada instante. Adiós Cangrejo!!
ReplyDeleteAna María Camacho