Friday, April 8, 2011

Colegios-lejos y amigos

Nuestro Papá creció con nueve hermanos aunque no por mucho tiempo. Su hermana Beatriz por quien en parte yo llevo mi nombre, se volvió ángel con sólo cuatro años para adornar con lágrimas los pesebres de su familia cada diciembre. En un día de Navidad pensó tal vez que la pólvora de unos totes la podría hacer luminosa por dentro y se los comió. Chema tendría un par de años más que ella. Empezó así a coleccionar hermanos en el cielo. Hoy día a sus setenta y tres años tiene una colección de siete hermanos ángeles.
Pero hubo un momento en la infancia de Papá en que todo era casi perfecto. Los nueve descendientes Buendía Guzmán manteniendo ocupada a su madre quién nunca tuvo la oportunidad de decidir si querer o no un hijo. Ellos llegaban por añadidura. Por noches locas con copas o sin copas, por un beso arrabalero con lengua, remolino y babas, porque si y porque no; los hijos eran tan naturales como levantarse por las mañanas. Yo por el contrario tuve que equivocarme de primer marido y luchar con fiereza por mi sueño de ser madre por entre crisis sentimentales, migratorias y económicas. En breve dispuesta a cerrar mi fábrica de bebés definitivamente añorando esa dicha de reproducir el amor y la vida. Un sueño cumplido que implica una vida de retos como el de escoger en un país extraño la mejor educación para nuestros hijos.
Chema empezó su educación donde las Señoritas Esguerra. Todos sus hermanos fueron allá de niños cuando tenían entre cuatro y cinco años. Mi hija Paz empezó su “maleducación” en  una guardería familiar donde su niñera le hablaba “paisa” y le pegaban gripas cada cinco minutos. Menos de dos meses duró nuestra bebé allá cuando entendimos que mi poco trabajo y la culpa de verla tan enferma no ameritaban el esfuerzo. Pero cuando tuvo un año y medio, y medio podía defenderse sola entró a “la crema de la crema” (nombre literal del colegio) a aprender inglés y a socializar. Las profesoras nos advirtieron que su primera palabra en inglés iba a ser “not nice” como quien dice “eso no está bien” pero muy por el contrario lo primero que oí salir de esa boca para matarme dee risa fue: “come here now” (traduce en español: ven aquí ya). Y entre la crema de la crema ha estado esta hija nuestra que ya tiene cinco años y ya va para colegio grande.  Noches de desvelo nos ha costado decidir cómo educarla en otra tierra después de nuestra experiencia tan distinta en Colombia.
Chema pasó por siete colegios según él se acuerda. En parte porque siempre fue rebelde como dice él y sobre todo porque una familia tan grande tenía que ajustarse a los recursos disponibles y a una madre sin experiencia que había visto partir a su esposo demasiado pronto. Don José Luis murió de 52 años de un infarto cardiaco al levantarse después de amarrar sus zapatos.  Chema era un niño de siete años y no entendió por un momento que la risa imparable de su adorada hermana Solita era un sollozo imposible de controlar al ver a su padre morir en sus brazos. Vagos recuerdos le quedan aún de haber ido a despedir a su papá a la iglesia y quedar con la impresión de haberle visto por última vez….demasiado morado.Yo sé que él siempre extrañó crecer con su padre. Lo sé porque su nostalgia lo convirtió a él en un Papá inigualable y en un mejor abuelo.
En la lista de colegios por donde dejó la huella nuestro Chema se suman al kínder de las Hermanitas Esguerra, el del Niño Jesús, El Liceo Central Maruja Talero, Los Maristas, El Virrey Solis, El Saleciano de León tercero y por último – y porque no había más alternativa económica – La Milicia. En mi lista de colegios figura uno sólo como en la vida de muchos mis congéneres colombianos que nunca tuvimos problemas estudiando. Trece años de vida escolar creciendo y aprendiendo bajo el mismo techo y con las mismas amigas. Qué días aquellos oyendo a Carmencita Arciniegas repetir mil veces qué disfrutáramos el colegio que es la mejor época de la vida y vaya si tenía razón.
Mi sobrino Roberto de quince años está estudiando sus tres últimos años de bachillerato en un colegio católico en Chicago después de haber pasado por siete colegios en distintos países. Colecciona amigos y habilidades deportivas con una facilidad sorprendente. Canta como los dioses y pone nerviosas a todas las niñas. Es grande, musculoso y dulce como un caramelo. Adora a su abuelo Chema con un amor casi enfermizo. Se parece a él de muchas formas.
Mi Papá Chema de quince años tenía también tenía una habilidad deportiva impresionante. Fácilmente demostrada cuando enlazaba cual ladrón los caballos de zorra ajenos en los potreros vecinos para poderlos montar con su mejor amigo Jesús Rincón. Con su propio cinturón (como bien hace todavía) atrapaba los caballos por el cuello y los montaba a pelo sin arrepentimiento. Pero este amigo no era compañero de  colegio, no era ningún vecino, conocido de la familia ni de algún primo. Chucho Rincón era un gamín hijo de una familia muy humilde que vivía en la calle.  Tan pobre que Chema lo invitaba a dormir en la cuarto de lavandería de su casa cuando ya se había quedado sin techo. Sin importar su procedencia aún vive en su recuerdo como el amigo con quién paso los mejores momentos de su adolescencia. Nadie aprobaba su amistad pero eso no importó.
Nunca importa. Hay amigos que duran la vida entera o que duran un día.  Pasajeros como una mariposa que sólo se posa en nuestra piel para hacernos cosquillas o permanentes como una peca en la cara. Los mejores como ustedes que me leen y saben las razones por las cuales escribo.
Porque un hombre maravilloso que es mi padre necesita compañeros en su lucha.
Porque hay amigos que lo han olvidado.
Porque tiene unas hijas lejos que les duele no estar cerca para cuidarlo y se niegan a que vivir con un cangrejo indeseable se vuelva costumbre.
PORQUE MAYATE SE VA A CORRER UNA MARATON APOYANDO LA LUCHA CONTRA EL CANCER ESTAMOS RECAUDANDO DONACIONES!
Porque no hay inversión mejor retribuída que querer y ayudar a la gente sin condición. Paga los interese más altos y duraderos.

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