Wednesday, November 2, 2011

Al cielo se va montando a caballo...

Es menester pero no deber terminar esta historia.
Hace meses cuando concluí que el cangrejo iba a convertir a mi Papá en un ángel del cielo, el dolor y la impotencia tenías presas mis palabras. Pero hoy todo es distinto. El dolor de siempre es ahora mi amigo y empuja con fiereza a este amor de hija a contar con dulzura cómo fueron los últimos días de mi padre.
En un mes previsible, una mañana conveniente y una fecha escogida como los números de sus loterías, se van de nuestra vida Chema y sus cangrejos. Arrullado por canciones de cuna y sostenido como un ligero globo de papel, se desprende de las manos de su mujer y sus tres hijas entre palabras de amor y silencios. No quedo nada sin decir. Nada pendiente. Su vida fue nuestra y su muerte también. Cesó el latido de su corazón pero el amor quedó flotando como si no hubiera pasado nada.
Mi corazón aún se recupera y puede que aún no piense muy claramente porque mi persona favorita ya no comparte esta tierra conmigo. Pero no puedo dejar de asociar el nacimiento de mis hijos con la muerte de mi padre…las mismas emociones tan presentes en cada momento pero en proporciones tan distintas. La misma espera de un día particular en que llegue el alivio a través de un dolor indescriptible. La misma fatiga posterior que viene con la maternidad y la orfandad.  La magia de la vida que nos llena de entereza, nos resuelve mil respuestas y nos devuelve mil preguntas.
Chema se fue al cielo montando a Don Leo, su caballo favorito.  La noche que me vio regresar de Atlanta a visitarlo sus ojos se llenaron de luz cuando le dijo a mi hermana menor al verme: “ella si sabe dónde están los caballos”. Yo me acerque y le confirmé que Don Leo estaba abajo  y le pregunté que si quería que le pusiera la montura. Asintió con sólo mirarme, como siempre lo hizo. Podíamos entendernos sin hablarnos. Un lenguaje equino por así decirlo, batidos de cola y movimientos de oreja mudos.  Bajé por breves minutos pretendiendo por él que todo era realidad y muy obediente subí a decirle que el caballo estaba listo para cuando él quisiera irse…
La muerte de Chema estuvo ES-PEC-TA-CU-LAR (palabra dicha por él pausadamente cuando las cosas los ameritan) y bien quisiera yo que la mía propia y la de muchos fuera tan especial. El nació en su casa y se fue en su casa con la ayuda de los suyos.  Un empujón para nacer y un empujón para irse tras tres suspiros de ese aire que le costaba respirar. Nuestras  ocho manos lo estaban tocando, nuestros ocho ojos los estaban mirando y nuestro corazón sintió alivio de que finalmente Chema hubiera aniquilado con su muerte a ese cangrejo mal nacido.
Era una pluma mi Chema cuando se fue, pero su espíritu digno, guerrero y amoroso estuvo allí enorme y enaltecido a pesar de la prueba que le tocó. Sin una queja en nueve meses que duro su enfermedad. Quizás la única acompañada de una lágrima desobediente que se resistía a vernos sufrir por su causa. Nos dejó todo el amor, todo el ejemplo, todo su arduo trabajo que nos hizo una princesas Buendía y como en todas las familias que se pelean las herencias nuestra única discusión entre hermanas fue por su cobija favorita.
Y como me cuesta escribir sin llorar a mares concluyo estas historia honrando a mi hermana María Teresa por quién empezó este blog.
Ella se ganó mi maratón.
No por las cuarenta y tres millas de Chicago que se ando entre trote y paso alargado sin que nadie apostara un peso por ella, sin entrenamiento alguno y sin el zapato apropiado. No por los más de mil quinientos dólares que recolecto para la Asociación de la lucha contra el cáncer de riñón cuando nunca creyó que fuera posible. Por eso y por el camino que recorrió viajando cinco veces entre Chicago y Colombia para acompañar a nuestro Papá, empacando y desempacando hijos, vistiéndose cada viernes de naranja, superando dolores, temores y cansancios que sólo ella conoce.
Hace un año cuando Chema aún estaba sano ella era una mujer estrenando una nueva casa en un nuevo mundo. Hoy día es mejor mujer, mejor hermana, corre maratones, abanderada por la lucha contra el cáncer, conecta mundos. Una mujer naranja dispuesta a ayudarnos a todos cuando la necesitamos.
La envidio porque quizás reconoció su  vocación gracias a este cangrejo.
Gracias a mis lectores, mis amigos y a mi familia por acompañarnos.
Fin

1 comment:

  1. Un abrazo apretado. Sigue escribiendo. Lo haces muy bien.

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